La cita para la lección de vuelo fue establecida al día siguiente a las 10 de la mañana...La confección de las alas a utilizar aquél día era especial pues ni Instructor ni Aprendiz habían hecho uno similar anteriormente... Habían de ser hechas con cuidado pues el vuelo duraría todo el día y no habría posibilidad de bajar a tierra para hacer composturas ni mejoras, todo sería en el aire, entre cielos desconocidos, mutables, quizá hubiese algún dragón esperando tras las montañas, acechando con su olfato agudizado por siglos de ceguera.. No sabían, todo podía ocurrir...
Había incertidumbre fugaz en uno y un miedo vaporoso en la otra...
Un poco de dolor y malestar general fueron los primeros combustibles a quemar para poder elevarse. Fue difícil al principio, pero la férrea voluntad de ambos se impuso. Más tarde, luego de sobrevolar la montaña en que una mensajera, montada a caballo y cubierta por una luminosa túnica blanca, les entregara el pergamino en que el rey Hipócrates escribiera oraciones por l salud de la Aprendiz; las afables corrientes cálidas los llevaron hacia un huerto inmenso. Apetitosos bosques de duraznos, manzanos, perales, naranjos, limoneros y ciruelos, entremezclados hasta parecer un firmamento terrestre de estrellas multicolores. Volando siempre, se abastecieron de lo que requerirían más tarde para saciar su apetito.
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Love me... Love me...
Sure you do...
Let me fly
away with you...
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Recostados sobre nubes de color naranja, el Instructor durmió arrullado por el palpitar del corazón que tan amablemente le ofreciera su Aprendiz... Siglos o segundo, poco importa... Durmió y en su sueño creció, supo, previó, la divisó en tierra desde el aire, bajó, la besó, la amó...
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Sopa de Cebolla...
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Apenas abrió los ojos en medio de la obscuridad de una noche sin estrellas, la luz que irradiaba la sonrisa de la Aprendiz iluminó sus pensamientos...- ¿Nos vamos, Maestro?..- Vamos...
El descenso fue tranquilo, indoloro, lleno de la satisfacción que produce una proeza lograda... Al cabo de una lenta espiral, perfectamente sincronizada y en la que sus alas se rozaban tímidamente en cada tangente, tocaron tierra... Ingrávidos...
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- Hasta pronto...
- Hasta siempre...
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